Falsos mitos sobre el botox

El botox es una sustancia química que, en el campo de la Medicina Estética, se inyecta para reducir las arrugas y líneas de expresión, fundamentalmente las de la frente, el entrecejo, las patas de gallo y la zona que rodea la nariz.

El botox tiene un efecto calmante, por lo que las arrugas se suavizan al paralizar el músculo que se encuentra debajo de ellas. Aplicado de una forma correcta, se consigue que el rostro luzca más joven y alivia el aspecto cansado.

Mitos sobre el botox:

Desde nuestro centro de estética en Zaragoza los desmentimos todos:

Es un tratamiento doloroso

El tratamiento es molesto, pero no doloroso. Para aplicar el botox se utiliza una aguja muy fina, por lo que las micro inyecciones son muy soportables. No obstante, en caso de pacientes con un umbral de dolor bajo pueden aplicarse cremas anestésicas o frío para reducir al mínimo las molestias de la aplicación.

Cuando el efecto pasa, las arrugas se pronuncian más

Falso. El botox no solo suaviza las arrugas, sino que evita su profundización y previene la aparición de las nuevas. La duración de los efectos variará en función de la fuerza del músculo de cada paciente.

Causa adicción

La sustancia del botox no genera ningún tipo de adicción. No obstante, muchos pacientes se vuelven dependientes de ella porque desean verse cada vez más jóvenes, consiguiendo que su rostro termine por parecer poco natural. ¿Un consejo? Déjate guiar por tu médico. Él es el especialista y verán tu rostro desde un punto de vista mucho más objetivo.

El bótox solo tiene fines cosméticos

Falso. En los últimos años, se han multiplicado las aplicaciones del botox. Hoy por hoy se utiliza para combatir la sudoración excesiva, para mejorar condiciones oftalmológicas, prevenir la migraña crónica, disminuir la espasticidad relacionada con la esclerosis múltiple, así como para tratar el bruxismo o rechinar de dientes.

El botox paraliza la cara

Esta es quizás la creencia más extendida. No obstante, la función del botox no es paralizar el rostro, sino relajarlo. Cuando vemos personas que nos transmiten esa sensación de “cara paralizada” es porque se han excedido con la dosis. De ahí la importancia de que el tratamiento lo lleva a cabo un médico certificado. Si se aplica de manera correcta por un profesional, el riesgo de que aparezca este efecto o de que se den complicaciones es prácticamente inexistente.

 

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